Sharon se dio cuenta de los límites del poder militar

Fecha de publicación: 12-01-2014
Fuente: Espacio Convergencia / Haaretz (11-01-2014)
Autor: Gideon Levy
Traducción: Dardo Esterovich

Él fue sin duda el político más valeroso de Israel. También fue el más cruel. Él era el líder que utilizó la fuerza bruta más que nadie para lograr sus metas políticas. Pero también fue uno de los pocos en reconocer los límites de la fuerza. Esto sólo ocurrió en el ocaso de su carrera, pero sucedió en gran escala, como Arik Sharon hacía todo lo demás.
Toda su carrera, tanto militar como política, se basó en su valentía y la lujuria desenfrenada por el poder. Pero él era entre todos los líderes el más valiente, el que entendió que el poder militar que sustenta a Israel ya no podía garantizar su futuro
Israel no puede vivir por la espada para siempre. Se dio cuenta de esto, aunque trágica y tardíamente. Se dio cuenta de que la superioridad militar de Israel no podía ser preservada para siempre.
Tanto antes como después de Sharon, Israel tuvo políticos supuestamente valientes como Yitzhak Rabin, el sol en el aura de 1948. El estómago de Rabin se estremeció antes de firmar el Acuerdo de Oslo. Luego está Shimon Peres, para quien la valentía es la cualidad principal de la que carece para ser considerado un gran estadista.
Ehud Barak, el soldado más condecorado en la historia de las Fuerzas de Defensa de Israel, nunca dio un paso antes de examinarlo a través de la lente de las encuestas de opinión pública. Y está Benjamin Netanyahu, cuyo segundo nombre es cobardía. Todos estos líderes abrazaron la fuerza militar como la única manera de resolver los problemas, sin apreciar sus límites.
Sólo podemos ridiculizar a los tipos duros del Likud en la era post-Sharon. En contraste con el ala derecha chillona -aurigas de Israel, que provocan el mundo entero- Sharon parece un héroe. Hay los del tipo de Danny Danon, que amenazan a Estados Unidos, los del tipo de Uri Ariel con su codicia por la tierra y las amenazas de nuevas expropiaciones, y los hay como Netanyahu, que amenaza con bombardear Irán, mientras descaradamente interfiere en la política de Estados Unidos como si fuéramos la superpotencia y el ellos un estado vasallo. Y hay un Avigdor Lieberman, que hasta hace poco aspiraba a encontrar aliados “substitutos” (de EE.UU., N. del T.).
El valiente Sharon no se habría atrevido. Él entiende que Israel no tiene futuro sin el apoyo estadounidense, al igual que él entendía que el confiar en el ejército y armamento de Israel ya no era suficiente. Sharon, como Ministro de Defensa e impulsar de los asentamientos, casi se convirtió en el agente rector de la historia de Israel. Pero se dio cuenta de que el futuro de la nación no puede estar basado en todo esto. Se dio cuenta de que no podemos desafiar al mundo entero, confiar en nuestra Cúpula de Hierro y meter nuestras narices en los Estados Unidos, mientras dependamos de su apoyo y abultados bolsillos .
Es posible, aunque dudoso, que al final de sus días entendiera el crimen de poner en marcha la primera guerra del Líbano. Entendiera que las ocupaciones de Israel sólo lo debilitaron. Él entendió esto con respecto a la Franja de Gaza, a pesar de que unos años antes había sido inflexible en que la retirada sería desastrosa.
El Sharon que actuaba desproporcionadamente se convirtió en un hombre medido. La agonía de sus posiciones anteriores fueron evidentes en la Operación Escudo Defensivo en 2002, durante la segunda intifada, la última operación al estilo clásico de Sharon: golpearlos sin piedad, matar, destruir y aniquilar. Sólo más tarde llegó a la conclusión aleccionadora de que un muro de defensa no protegerá a Israel para siempre.
De acuerdo con las normas internacionales aceptadas, Sharon fue un criminal de guerra. Desde Qibya en 1953 al Líbano en 1982, estuvo vinculado a crímenes de guerra. En su etapa más avanzada Sharon no modificó su código moral. A su manera, sólo se dio cuenta de las limitaciones en el uso de la fuerza. Tal vez los Estados Unidos de George W. Bush lo llevó a esta conclusión. Tal vez él entendió más que otros lo que le estaba sucediendo a la IDF, con su transformación en un ejército de ocupación y una fuerza policial en la mayor parte de sus actividades, persiguiendo niños.
Cualesquiera que fuesen sus motivos, su transformación debió haberle enseñado a la derecha israelí una lección, pero esto no sucedió. Este fue su mayor fracaso, aunque no su único. El más valiente de todos no pudo transmitir sus preocupaciones a sus sucesores. Por el contrario, están siguiendo el camino anterior de Sharon, ignorando totalmente la herencia posterior.
Él pudo haber necesitado un par de años más al timón para consolidar sus nuevas ideas, que posiblemente alcanzaron su punto máximo con la retirada de Gaza. Cuando Sharon se sumió en un estado de coma, lo mismo le ocurrió a Israel. Se volvió a la senda del Sharon de antes, brutal, cruel y marcial.

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